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Nuestras acciones diarias, cómo y qué consumimos son en realidad un acto político.

30 mayo 2022

Nos acercamos a los últimos días formativos con el tema de Medio Ambiente y Economía Solidaria, centrado en soberanía alimentaria y alternativas del mundo rural antes de ir a los Campos de solidaridad.

En junio terminamos nuestra nueva propuesta formativa ¨Rueda de Valores¨, y muy pronto cuatro de nuestras participantes en la formación viajarán a Perú, a conocer y compartir con la Cooperativa de caficultores orgánicos y de Comercio Justo Norandino pero antes vamos a tener nuestra última ronda de charlas y talleres. Este mes vamos a hablar de agroecología y soberanía alimentaria con Biela y Tierra, presentando iniciativas locales en Navarra como Mari Cruz, iniciativa agro-turística en Villanueva de Arce, y Egillor Borda, una iniciativa de ganadería ecológica en Irurozki, que visibilizan las alternativas frente a la crisis eco social que vivimos. Además, el 11 de junio vamos a visitar la vaquería ecológica de Jauregia en Aniz en el Valle de Baztán.


Esta vez hemos invitado a compartir su experiencia a Biela y Tierra, un proyecto que lleva casi cuatro años visitando iniciativas rurales en España haciéndolas más visibles. La idea nació en octubre de 2018 con un viaje en bici, cuando dos amigas, Edurne Caballero, bióloga y experta en agroecología, y Ana Santidrián, doctora en ingeniería química y Medio Ambiente, decidieron conocer 30 iniciativas de Soberanía Alimentaria en tres meses y al final en la primera ruta terminaron conociendo 160 iniciativas en cuatro meses.  El proyecto recibió mucha atención, primero entre sus amistades y después de personas seguidoras de varios lugares del mundo – desde Canarias a México.


Hoy pedimos a Ana y Edurne que nos cuenten su experiencia, y nos hablen de que nos falta para desarrollar más los pueblos, porque las energías renovables traen un peligro al mundo rural y que podemos hacer para mejorar la situación.


Nuestras acciones empezaron con una pregunta:

 ¨¿Cómo puede ser que el 100% de las materias primas que necesitamos para vivir se encuentran en el mundo rural y esos mismos pueblos se están quedando sin población?¨ Queríamos descubrir el origen y la realidad de los sitios que están produciendo nuestros alimentos, y con estas dos premisas nos lanzamos al proyecto con el objetivo de comunicar siempre en primera persona a través de las experiencias personales que necesitábamos.


Biela y Tierra al día de hoy es una comunidad que se hace gracias a la gente que va uniéndose, desde las iniciativas que visitamos hasta toda la gente que nos va siguiendo. Después de la situación pandémica que hemos vivido, creemos que el foco ha cambiado y que algunas de las prioridades están poniéndose encima de la mesa, que se ha notado que las ciudades son superpobladas y son espacios menos amables que los entornos rurales. A día de hoy se está viendo que hay un interés cada vez mayor por acercarse a los pueblos.

El confinamiento en la sociedad favoreció una mayor toma de consciencia:

De cómo vivimos y de cuáles son nuestras prioridades. Así mucha gente ha decidido ir a probar a vivir al mundo rural o vivir de otra manera, y allí ha encontrado algunas dificultades relacionadas con el acceso a la tierra, a vivienda, a servicios y actividades.

Desde las administraciones se han dado cuenta de que la distribución geográfica de la población es insostenible y que especialmente en el Estado español la población está supe concentrada en las ciudades y es muy difícil gestionarlas, pero hay confusión con las acciones necesarias.

Existe un interés por parte de las altas instancias de la administración en hacer alguna cosa, existe un conocimiento profundo de las administraciones pequeñas de las sociedades rurales, pero hay un problema de comunicación. Deseamos que se vea la luz, pero por ahora mucha luz no se ve.


Lo que necesitamos aquí es una reorganización territorial

y de prioridades que favorezcan el mundo rural, porque muchas de las decisiones vienen de despachos, de una visión muy urbana-céntrica que perjudica el desarrollo de los pueblos.
Los pueblos tienen desventajas porque son menos personas, y no tienen ni los mismos servicios, ni las mismas estructuras, ni las condiciones de vida que puedes tener en una macro-urbe.


Las zonas que sufren más la despoblación están en la serranía celtibérica que coge la parte de Castilla y León y Castilla la Mancha, donde encontramos menos de 9 habitantes por kilómetro cuadrado. Cosas similares pasan en partes de Galicia y Extremadura, donde la gente dejó los territorios hace 80-100 años.

Las brechas a nivel laboral, tecnológico, de comunicaciones no se van atenuando. Además, el desarrollo de los macro-proyectos de energía renovable supone un grave riesgo al modelo de vida vinculada a la tierra en las zonas rurales.

Muchos agricultores se están quedando sin tierra,

porque la tienen alquilada a precio bajo para que los macro-proyectos puedan obtener energía que luego va a servir al desarrollo de los núcleos urbanos de España o de otros países de Europa. Intentamos vincular las zonas rurales con las zonas urbanas para saber que si esas zonas se industrializan por culpa de macro-centrales fotovoltaicas o de industria cárnica, no habrá nada que comer.


La despoblación es un proceso que se va extrapolando hacia entornos de mayor demografía. Primero son los pueblos más pequeños los que se abandonan, después las provincias, posteriormente las capitales de provincias. Madrid, Barcelona, Zaragoza son ciudades de muy alta población, y la forma de habitar en esos territorios tampoco es sostenible. Los pueblos dependen de estas ciudades, y la gente allí no puede tomar decisiones.


En el mundo rural quieren que nosotras como consumidoras los busquemos y consumamos lo que producen. Necesitan nuestro compromiso y colaboración. Es importante recordar que los pueblos, aparte de paisaje, son personajes que viven allí 365 días al año y conocen su entorno y sus problemas muy bien, solo nos falta preguntarles. Nuestras acciones diarias, cómo y qué consumimos y a quien apoyamos con el mismo – a una multinacional o una pequeña familia campesina – se convierten en realidad en un acto político.

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