Apostamos por la Economía Social y Solidaria, como conjunto de prácticas de producción, comercialización, consumo y crédito que buscan la satisfacción de necesidades y el desarrollo integral del ser humano y de la comunidad en lugar de la maximización de beneficios: hablamos, de producción cooperativa, de comercio justo, de consumo responsable y de finanzas éticas.

Tenemos claro que vivimos en un mundo globalizado, con una realidad cada vez más interconectada e integrada gracias a un conjunto de procesos tecnológicos, económicos, sociales y culturales. Esta globalización de por sí no tendría por qué ser negativa, pero actualmente está íntimamente ligada a un determinado modelo político y económico basado en la ideología neoliberal, así como a un concreto modelo de vida sostenido en el consumo desmesurado, el afán por la acumulación, el individualismo exacerbado y la uniformidad cultural. Un sistema que, básicamente, ha hecho de la economía un fin en sí mismo, sin tenerla en cuenta como un medio de satisfacción de las necesidades de las personas, del bienestar de las colectividades y del desarrollo humano. Lo ha desligado de otras consideraciones éticas y se ha dejado llevar por un modelo y práctica neoliberal que, incuestionablemente crea grandes injusticias, desigualdades y además se hace insostenible para nuestro.

Ante esta realidad viene configurándose en las últimas décadas un movimiento social que reúne a un conjunto de organizaciones e iniciativas que, a lo largo de todo el planeta, están generando un pensamiento y una práctica alternativa y solidaria de la economía en sus diferentes facetas: producción, financiación, comercio y consumo.

Por un lado se propone una Economía Solidaria  con un cambio del sistema de prioridades en el que actualmente se fundamenta la economía neoliberal. Se trata de una visión y una práctica que reivindica la economía como medio –y no como fin– al servicio del desarrollo de las personas y comunidades. Una concepción que coloca a la persona y a la comunidad en el centro y como prioridad. Transformando así el modelo convencional de actividad económica y concediendo a las personas, sus necesidades y capacidades de trabajo un valor por encima del capital y su acumulación, así como reivindicando un modelo socioeconómico más redistributivo y equitativo.

Dentro de esta nueva visión de la economía, se establecerían nuevas redes comerciales que funcionarían bajo otra lógica. Este Comercio Justo establece unas relaciones comerciales basadas en el trato directo y el respeto mutuo, con criterios no sólo económicos sino también sociales y ambientales. Este comercio trata de crear oportunidades para los más desfavorecidos y ofrecer unas condiciones dignas de trabajo, así como unas prácticas comerciales justas para que puedan desarrollarse. Este comercio tiene en cuenta y respeta tanto las diferencias culturales, como el medio ambiente donde se desarrolla. Siempre basándose en la transparencia en la gestión, en la responsabilidad social y el respeto al interés de los grupos que participan en él.

Foto: Manifestación "Por un comercio Justo global", Foro Social Mundial, Dakar 2011