Pablo Ortiz

02/03/2017

SETEM Madrid

Viajé a Guatemala en Julio de 2016, al Ixcán, un área del norte del país junto a la Frontera de México. Llegamos  por carretera en una pick up después de varios días en Ciudad de Guatemala y Antigua Ciudad de Guatemala, donde Luis, representante de la Asociación Manabí y nuestro anfitrión, nos introdujo en algunas de las costumbres del país, nos contó cosas de lugar donde viviríamos y nos hizo de guía. Viajé con Claudia y Juanpi y allí nos encontramos con dos simpáticas enfermeras (Ana Y Fuen) de quienes nos hicimos muy amigos.

Una vez en las Comunidades del Ixcán, descubrimos cómo vivir el día a día a día compartiendo con personas que no poseen grandes bienes materiales, pero sí un espíritu de compartir y una convicción del compromiso hacia nosotros, que te hace valorar realmente aquellas cosas que merecen la pena.

Cada día se convirtió en una bonito regalo regado de sorpresas, donde las dificultades materiales se hacían llevaderas gracias al compañerismo y la amistad.  Pasear entre las colinas arboladas camino de la casa donde nos darían de desayunar, comer o cenar, saludar a la gente, escuchar sus historias, a veces terribles, pero llenas de esperanza, las risas, descubrir los parentescos y los secretos del pueblo, preparar las formaciones, dejarse empapar por la lluvia de verano o, simplemente pensar en dónde pasar el fin de semana, fueron momentos fantásticos que tuve la suerte de vivir con gente increíble.