Ove

01/03/2017

SETEM Campos de Solidaridad SETEM MCM

El verano de 2014 viajé a Guatemala. Realmente, meses antes no conocía casi nada de este país. En cuanto investigué un poco sobre historia y cultura guatemalteca descubrí que es un país que atrapa. Una traumática historia reciente de genocidio, represión y dictadura que aún marca la actual situación sociopolítica. Todo ello con la imborrable impronta del ancestral misticismo de la cultura Maya, indígenas que llevan siglos luchando por mantener viva su historia, comunidades, conocimientos y tradiciones. Desde que en el siglo XVI llegara Hernán Cortés, posteriormente el norte opulento en la figura principalmente de EEUU, continuando en la actualidad compañías transnacionales como Monsanto, todos han querido aniquilar la cultura Maya. Con todos estos ingredientes, estaba claro que ese era mi destino.

El proyecto en el que participé está coordinado por la Asociación Manabí –un abrazo enorme a Artemio, Pili, Luis y familia por ser la nuestra allá- en la región de Ixcán, en el departamento del Quiché, al norte de Guatemala haciendo frontera con Chiapas (México). Son una serie de comunidades que se han unido para conseguir canalizar agua potable hasta sus casas. Nuestra tarea era realizar talleres coordinados principalmente por grupos de mujeres dentro de este Comité del Agua. Talleres de salud comunitaria (agua potable, sexualidad o gestión de residuos) junto a mi compañera Sara o sobre gestión y elaboración de proyectos coordinado espectacularmente por Mario.

La formación previa al viaje que recibimos en Setem es algo más que necesaria. Más allá de las inquietudes personales y nuestra sensibilización hacia ciertos temas, ofrecen una serie de conferencias y talleres en los que adquieres una visión crítica e inquieta acerca del mundo en que vivimos, cosa que se agradece antes de realizar un viaje así.

Después, el viaje y el trabajo comienzan, la mente abierta, los prejuicios se quedan en casa, es difícil describir el proceso personal que vives cuando las reglas del juego cambian radicalmente y tu zona de confort permanece irremediablemente alejada. No solo vives el momento, las personas, las historia o los lugares; a la vez te replanteas qué has hecho y qué haces en tu vida, y sobre todo cómo.

Puedes ir y enamorarte del paisaje, disfrutar de unos días junto a personas increíbles, o puedes vivirlo como un paso más en tu recorrido personal y que una experiencia así se convierta en un punto de inflexión en tu actitud hacia la vida y la sociedad en la que vives.

A quien esté dándole vueltas a la posibilidad de participar en los Campos de Solidaridad le diría que es una oportunidad que yo decidí no dejar escapar y en ningún momento me he arrepentido de ello. Conoces gente verdaderamente interesante, tanto entre tus compañeros de curso y viaje como entre las personas que realizan las charlas y talleres o la gente que conoces posteriormente en el país de destino. Además de la oportunidad de conocer y vivir en lugares verdaderamente sobrecogedores.

Aprender de las vivencias que otros comparten generosamente es un ejercicio muy enriquecedor y si, además, sumas la oportunidad de viajar y conocer en primera persona otras realidades, luchas y pensamientos, el resultado es una experiencia que espero poder repetir.