Yolanda Rubio

01/03/2017

SETEM Campos de Solidaridad SETEM MCM

El verano de 2014 viajé a Honduras. Elegí este destino porque me llamó la atención el proyecto escolar en el que la organización lleva trabajando muchos años, y quería tener la oportunidad de compartir momentos con niños pequeñitos y gente adulta.

Durante un mes tuve la oportunidad de visitar los distintos proyectos escolares que tienen en marcha, colaborar en la medida de lo posible con las profesoras cuando visitábamos los kinders (guarderías) y los colegios, ayudar en los estudios a los mayores, y... compartir momentos de ocio con ellos  (juegos, paseos, charlas...)

Creo que ha sido una de las mejores experiencias de toda mi vida. En Setem conocí a gente maravillosa que de alguna forma se convirtió en mi familia durante unos meses y con la que todavía mantengo el contacto.

El viaje fue mejor de lo que me esperaba. Es cierto que te quedas con ganas de más, de aportar y colaborar más tiempo, pero para los hondureños con una simple sonrisa tuya te los ganas y casi que les es suficiente. No tienen nada y parece que lo tienen todo. Lo que más me gustó fue el cariño que recibes: te llevas más de ellos de lo que puedes imaginar.

Creo que es un viaje que merece la pena hacer. Es cierto que cuando se termina vuelves a la realidad. Durante un mes estás en un mundo paralelo, desconocido y casi dejas de pensar en ti, y cuando miras atrás y recuerdas todo da mucho que pensa.  En mi caso concreto, la vuelta de este viaje ha hecho que tenga valor de hacer lo que siempre quise y nunca me atreví en cuanto a estudios se refiere.