Lucía Ramos Aísa

01/03/2017

SETEM Campos de Solidaridad SETEM MCM

Hace dos meses que volví de Ecuador y todavía no he asimilado lo que viví allí. Desde el primer día, cuando cerré la maleta y subí al metro con dirección al aeropuerto, desde que vi Latinoamérica por primera vez desde el aeropuerto de Bogotá, desde que conocí a los niños con los que compartí mi mes allí... todas esas emociones están todavía intactas, si cierro los ojos puedo sentirlo otra vez. Sin embargo, al mismo tiempo lo noto tan lejano, como si lo hubiese visto en una película, como si la experiencia fuese tan grande que no puede ser cierto que la viviera yo.

Hemos tenido la enorme suerte de conocer Ecuador, de conocer a su gente, su vida, sus problemas, sus avances, de meternos de lleno en esa cultura. ¿Cómo olvidarlo? ¿Cómo olvidar a todos esos niños que, felices, nos abrazaban y nos preguntaban por España, por nuestras vidas, con todas esas ganas que tienen de vivir, de aprender, de crecer? Me invade aún un fuerte sentimiento de impotencia el saber que siguen ahí, tan lejos, mientras yo sigo con mi vida en Madrid, cuando hay tanto por hacer. Me invade también una enorme felicidad, una gran satisfacción, recordar cómo nos agradecieron mil veces, desde lo más profundo de su ser, el tiempo que habíamos invertido en ellos, aunque a mí me diera la sensación de que yo no había hecho ni un poquito...
Una experiencia así solo se entiende si se vive. Aún no sé qué responder cuando me preguntan qué tal fue Ecuador, porque ninguno lo sabemos explicar totalmente, por mucho que hables no puedes expresar lo hondo que te ha calado lo que allí viste y viviste.
Por eso creo que es algo que debería hacer mucha más gente. A parte de todo lo que te conciencia sobre las diferencias Norte-Sur, es la mejor forma de conocer un país; desde dentro, desde su día a día. Porque aunque es cierto que no hemos cambiado el mundo, sé que nos ha hecho crecer, ser mejor personas, vivir en nuestra piel la palabra desigualdad, entender mejor cómo funciona nuestra tierra, por qué se habla de injusticias, de exclusión, de violencia.
Desde aquí mando un abrazo fuerte a toda la gente que me dio su amor cuando estuve en aquel hermosísimo país, gente que, creo y espero, recibieron también mi amor.
Gracias a mis compañeras, de las que tanto he aprendido, y gracias a Setem, que nos ha arropado en nuestro viaje desde el principio.
"El mundo está oscuro, ilumina tu parte"