Miguel Ángel Rodríguez Tato

14/03/2017

SETEM Campos de Solidaridad SETEM MCM

Se trata de llegar y conocer. Se trata de aprender, de compartir. Se trata de saber lo que les tocó vivir. Se trata, sobre todo, de escuchar. A veces los proyectos que hacen las ONG fracasan o se abandonan y aún así merece la pena viajar a esos lugares porque te están esperando personas que tienen una historia que contar. Creo que el motivo por el que fuimos a El Salvador fue para escuchar esa historia. Las gentes de Nueva Trinidad, Carasque y el resto de las comunidades de la zona son personas humildes, agricultores en su mayoría, que no pueden olvidar la guerra que les tocó vivir, pero sobre todo, no quieren que el mundo olvide esa guerra. Así que básicamente lo que hicimos fue escucharles. No nos pidieron que hiciéramos otra cosa. Aunque hicimos muchas más.

Levantarte al amanecer, asomarte a la puerta y ver aquellos paisajes verdes, casi vírgenes, aquella niebla que, como si también se estuviera desperezando, se levantaba sobre los bosques, es un lujo que no está al alcance de los que vivimos en Madrid. Cuando los españolitos terminábamos de bostezar, los hombres del pueblo ya estaban trabajando en la milpa, las mujeres volvían del molino y los niños iban camino de la escuela. Nuestro guía nos esperaba para llevarnos a los cantones de la zona, donde hemos aprendido el significado de la palabra “comunidad”. Nos enseñaban cómo estaban organizados, nos contaban sus recuerdos de la guerra y nos mostraban sus carencias, sobre todo educativas y de atención médica. La visita a las escuelas era obligada. Allí estaban los niños esperándonos, primero tímidos y formales, hasta que alguno rompía el hielo y todo eran risas, carreras, juegos… Santa paciencia de los maestros. En cada cantón nos acogía en su casa una familia a la hora de comer y por la tarde, antes de que estallara la tormenta de las cinco, regresábamos a la casa comunal donde estábamos alojados. Éste era nuestro día a día en El Salvador. Y siempre con la sensación de que te están tratando muy bien y de sentirte cómodo con personas a las que acabas de conocer.

Antes de hacer un viaje de este estilo, uno se pregunta qué es lo va a hacer allí. Esperas encontrarte montones de proyectos financiados desde España u otros países y piensas que vas a arremangarte la camisa y poner tu granito de arena para cambiar el mundo. Luego descubres que hay proyectos que fracasan o se abandonan y, sin embargo, ha merecido la pena porque has conocido, has aprendido, has compartido, has convivido y has escuchado. Se trata de contar lo que les tocó vivir.