La teoría del libre comercio establece que todos los países deben poder participar en los mercados internacionales y recibir los beneficios correspondientes. Pero en la práctica, al Norte sólo le interesan los países del Sur como suministradores de materias primas a precios asequibles y espacios de inversión en condiciones favorables para grandes empresas.

Tras el petróleo, el café es la materia prima que mueve más volumen de negocio en cualquier parte del mundo. La práctica totalidad de los beneficios que genera este negocio van a parar a empresas multinacionales del Norte. Sólo cinco de ellas (Kraft, Suchard, Nestlé, Procter&Gamble, Sara Lee y Tchibo) compran casi la mitad de los granos de café que se consumen en el mundo y generan beneficios de billones de dólares.

Reparto injusto

Las ganancias de este negocio se reparten de manera injusta y desigual. Las grandes corporaciones pagan a los agricultores unos precios que, muy a menudo, están por debajo del coste de producción. Son unas cantidades tan escasas que no cubren las necesidades básicas de los pequeños propietarios, los jornaleros y sus familias.
Las empresas transnacionales y organismos como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial han presionado durante años para que los países del Sur dediquen la práctica totalidad de su superficie de cultivo a productos para la exportación en detrimento de cultivos tradicionales para alimentar a la población autóctona.
Estas políticas, aplicadas en Vietnam con mucha intensidad, además de inundar el mercado con un exceso de café de baja calidad han propiciado desequilibrios medioambientales y problemas sociales.

El caso de Vietnam

Vietnam, uno de los principales proveedores del Estado español juntamente con Brasil y Uganda, aconsejado por organismos internacionales incrementó considerablemente su superficie de cafetales sacrificando bosques, poniendo en peligro los sistemas naturales de retención de agua, utilizando grandes cantidades de fertilizantes y pesticidas químicos y provocando un rápido agotamiento del suelo.
Los cultivos intensivos del café sustituyeron a los cultivos autóctonos y forzaron migraciones desde las zonas costeras hacia el interior, originando graves enfrentamientos sociales sofocados con rigor.

Foto: Maria Albert. Las ganancias de este negocio se reparten de manera injusta y desigual.