Rana Plaza: Cinco años después

01/05/2018

SETEM Madrid

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El pasado 24 de abril conmemoramos el quinto aniversario del derrumbamiento del Rana Plaza en Bangladesh. Una tragedia evitable en la que murieron más de 1.100 personas y más de 2.000 quedaron heridas y que puso en el punto de mira a las grandes marcas de ropa y textil.

A través de la Campaña Ropa Limpia, que Setem coordina en España, se celebraron varios actos reinvindicativos y recibimos la visita de la sindicalista bangladesí Kalpona Akter. ¿Qué ha cambiado desde entonces? Ha habido avances, pero pequeños.

No era la primera tragedia que ocurría en instalaciones de confección de ropa pero fue la que funcionó como revulsivo. A raíz de este suceso, y gracias a las presiones de campañas como Ropa Limpia, algunas marcas firmaron el Acuerdo de Bangladesh (2013), con el que se comprometieron a permitir que inspecciones independientes revisaran la seguridad de las fábricas y, lo que es más importante, a la subsanación de los riesgos detectados.

Más de 220 empresas firmaron entonces, pero la duración del acuerdo era por cinco años y este 2018 se vuelve a trabajar para que las empresas firmen la prórroga por otros tres años: por ahora, 160 han renovado el acuerdo.

Sin embargo, aunque en materia de seguridad ha habido algunos avances, es sólo una pequeña parte del problema. La transparencia en la cadena de suministros es un requisito imprescindible para conseguir mejoras.

Eva Kreisler, coordinadora de la Campaña Ropa Limpia en España, resume muy bien su importancia: tras el derrumbamiento del Rana Plaza era normal ver gente buscando entre los escombros las etiquetas de las marcas a las que proveía esta fábrica para poder exigir responsabilidades.

Benetton, C&A, Carrefour, El Corte Inglés, Inditex, Primark, Mango... Muchas de estas marcas siguen sin hacer públicas las filiales donde producen, de manera que resulta imposible aplicar cualquier acuerdo, pedir seguridad o salarios dignos. La invisibilidad de los trabajadores de las fábricas, en un 80% mujeres, impide dotarlos de cualquier derecho.

El mes pasado el diario.es publicaba algunos datos sobre las marcas que ofrecen mayor o menor transparencia. Todas pertenecen a empresas que obtienen beneficios millonarios y que, sin embargo, pagan salarios de miseria o escatiman en las condiciones de seguridad más básicas. En el caso del derrumbamiento del Rana Plaza, tardaron más de dos años en pagar las indemnizaciones marcadas por la OIT (Organización Internacional del Trabajo): 30 millones de dólares para los huérfanos, familias y heridos. El beneficio anual colectivo de las empresas responsables del derrumbe del Rana Plaza ronda los 20.000 millones de dólares.

Además, parte de estas indemnizaciones fueron donaciones que se consiguieron gracias a la acciones de denuncia llevadas a cabo por la Campaña Ropa Limpia, que pertenece a la red internacional Clean Clothes Campaing. Pero como señala Kreisler, el derecho de las víctimas a recibir indemnizaciones no puede depender de la capacidad de organizaciones como la nuestra o de la indignación ciudadana, es preciso crear un marco en el que los trabajadores y trabajadoras tengan un verdadero acceso a la justicia, debemos romper con la lógica por la cual deslocalizar y subcontratar la producción también supone deshacerse de responsabilidades legales.

La campaña internacional Ropa Limpia lleva más de 20 años trabajando para que las trabajadoras tengan condiciones de trabajo dignas y seguras, pero también para que disfruten de marcos legales en los que puedan organizarse, formarse y defenderse de los abusos. La libertad de asociación no es todavía una realidad en el sector textil de Bangladesh y otros países productores.

En los últimos meses muchos trabajadores han sido despedidos en Bangladesh por reclamar indemnizaciones o mejores salarios; 34 sindicalistas fueron detenidos y aún tienen cargos en su contra sólo por tratar de organizarse y algunos continúan detenidos bajo acusaciones falsas.

La libertad sindical nos parece un punto fundamental que influye directamente en la mejora de las condiciones laborales de las fábricas y en la defensa de los Derechos Humanos, donde queda mucho por hacer, señalaba Eva Kreisler en una entrevista a Libertad FM el mes pasado.

La denuncia y la presión sobre estos puntos es el trabajo que queda por delante para continuar con los pequeños, pero importantes, logros conseguidos.

Kalpona Akter explicaba en su reciente visita: Como consumidores tenéis poder para poder cambiar las cosas, mediante un consumo responsable y haciendo las preguntas necesarias. No os sintáis felices al ver que una camiseta que cuesta solo 5 euros. Podéis hablar con la persona gerente de la tienda, preguntarle y decirle que queréis saber más sobre las condiciones laborales de las personas que hicieron esa ropa. Así las marcas sabrán que sus consumidores quieren que las trabajadoras tengan condiciones dignas. Esto es muy importante, porque si no trabajamos juntas, no podremos generar cambios.