La reivindicación de los cuidados: como una de las claves de la alianza feminista y anticapitalista

28/07/2020

SETEM Euskadi

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Esta crisis sanitaria ha puesto en evidencia -más si cabe- lo vulnerables que somos como sociedad, la precariedad vital a la que estamos expuestas y la fragilidad de un sistema que “además de insostenible, es tremendamente frágil porque no puede parar ni un minuto”, como recordó Amaia P. Orozco en el curso sobre Agenda feminista y anticapitalismo: articulando nuestras estrategias, impartido para el voluntariado y el equipo técnico de SETEM Hego Haizea.

Entre las ideas clave que permiten conjugar el trabajo de SETEM HH con la agenda feminista destaca la apuesta por un sistema donde el cuidado de la vida colectiva sea la prioridad. Las reivindicaciones vinculadas a la revalorización y visibilización de los cuidados son una lucha histórica feminista contra las desigualdades que mantien el sistema patriarcal, pero también forman parte de las reivindicaciones anticapitalistas que reclaman la necesidad de revertir la lógica de mercado capitalista que mueve nuestro sistema.

Para avanzar y converger en esta lucha, es necesario acordar qué entendemos por cuidados. En un acuerdo de mínimos, podemos decir que los cuidados representan todo lo necesario para el mantenimiento de la vida: según lo define Amaia P. Orozco “son un proceso de reconstrucción siempre inacabado de bienestar físico y mental de las personas”. Esta definición parte de la idea de que somos seres inter y eco-dependientes y, por tanto, la única forma de mantener la vida es en común.  En los últimos meses lo hemos podido ver de forma evidente: “todo lo que no se ha podido parar cuando hemos intentado parar el mundo son los cuidados”.

Actualmente, los cuidados nos solo permanecen invisibilizados y minusvalorados, sino que la organización del trabajo se basa de forma sistémica y “naturalizada” en una asunción desigual de los mismos. Son lo que denominamos la “cara B” del sistema: a pesar de ser los trabajos que mantienen la vida y nos dan la posibilidad de convertirnos en seres productivos, listos para trabajar, no son priorizados por el sistema -sino que son precarizados-. Podemos decir que los trabajos de cuidados, esenciales pero ocultos, son los que resuelven la vida en el marco de un sistema que la ataca constantemente.

Sin embargo, las encuestas sobre el tiempo de trabajo evidencian que en el esfuerzo de mantenimiento del sistema hay tanto o más trabajo no remunerado que trabajo remunerado. En general, las estadísticas señalan que las mujeres invierten más tiempo en los trabajos no remunerados y, por tanto, el tiempo de trabajo de las mujeres tiene en general menos remuneración que el de los hombres -quienes invierten más tiempo en trabajo remunerado que no remunerado-.

No es casualidad que los trabajos de cuidados -infravalorados y invisibilizados- estén desigual e injustamente repartidos no solo entre los hombres y las mujeres, sino también entre las propias mujeres. “Existe una relación perversa entre los trabajos necesarios para el mantenimiento de la vida: a mayor valor social de los trabajos, menor es su valor de mercado, mayor es su nivel de feminización y mayor presencia tienen las personas -sobre todo mujeres- racializadas”, señalaba Amaia P. Orozco.

El movimiento feminista y anticapitalista coinciden en la necesidad de avanzar hacia un sistema donde el cuidado de la vida colectiva sea la prioridad, aunque no siempre ha sido una lucha compartida por los dos movimientos. Las reivindicaciones vinculadas a los cuidados son una lucha históricamente feminista, que además es necesario que se analice desde la perspectiva interseccional para poder atajar las desigualdades que mantienen un sistema capitalista, colonial, heteropatriarcal y ecocida donde no todas las vidas valen lo mismo; no todas las vidas tienen cabida.

Por todo ello, no solo es necesario una reorganización de los cuidados, sino toda una transformación política, económica y social que permita poner el sistema al servicio de la vida colectiva.

En esta utópica meta, es necesario entender la economía como un todo, un conjunto de necesidades que dan la posibilidad de mantener la vida*, con asterisco, entendida como un “todo” compuesto por el equilibrio del conjunto del planeta, donde las personas cohabitan como parte de un sistema ecodependiente.

En el marco de nuestro plan Sugara queremos mejorar nuestras capacidades para engranar nuestro trabajo por impulsar el consumo crítico, responsable, transformador y feminista, con el trabajo que llevan a cabo los diversos movimientos feministas. Para ello, apostamos por formarnos y nutrirnos con los diferentes feminismos e incorporar sus aportes a lo que defendemos y estamos haciendo.

Foto: Mike Erskine